A los ”e-mail” los carga el diablo. Los correos cruzados entre el viceconsejero de Industria del Gobierno de Canarias, que ocupa este cargo en función de la cuota herreña, y el director general de la cosa, que lo ocupa por la parte de CC de Gran Canaria, son un excelente y oportuno ejemplo del ”estado de la nacionalidad” verdaderamente existente, más allá de los pitos, las flautas y los timbales de los plenos litúrgicos para que sus señorías salgan en televisión con cara de solemnidad y palabras dichas para causar efecto flash en las masas. La respuesta del herreño a una opinión de su director general favorable a rechazar unos recursos de Red Eléctrica es antológica: “No te olvides de que la Ley hay que cumplirla, lo reclame REE o no. Otra cosa es que nos interese saltarnos la ley y le pidamos a REE que se calle”.
Fuentes de la Consejería dicen que se trata de un problema de lenguaje coloquial. Ese lenguaje que está convirtiendo las Islas en el paraíso chachón; porque, en el fondo, la respuesta es chachista, es como decir, “chaaaacho, ten cuidado; chaaacho, cumple la ley aunque, ¡chacho!, luego la cambemos”. Más o menos. Que la propia Ley contenga unas excepciones, que la administración puede aplicar con alto grado de discrecionalidad, según su leal saber y entender, no implica que eso se traduzca en un “otra cosa es que nos interese saltarnos la ley y le pidamos a REE que se calle”, que los mal pensados pueden interpretar como una amenaza al borde de la prevaricación. Porque no se trata de que pueda saltarse la ley, sino de que la propia ley puede contener una fórmula para determinados casos excepcionales que han de ponderarse uno a uno. Es este espíritu de “saltarnos la ley” lo que debe preocupar a sus superiores y, desde luego, al presidente del Gobierno; porque se empieza por una errónea interpretación de lo que significa la excepcionalidad contemplada por la norma y se acaba en Honduras. ¿Cuál sería la respuesta adecuada del viceconsejero? Pues una que más o menos dijera lo siguiente: “No se olvide de que la Ley hay que cumplirla; por lo tanto, si después del análisis de la situación y de los argumentos del recurso de REE se llega por los funcionarios correspondientes a la conclusión de que hay que plantear una vía de singularidad, teniendo en cuenta las circunstancias que concurren en este caso, podría solicitarse a los servicios jurídicos un informe para proceder en dicho sentido”. En realidad, este párrafo dice lo mismo que el real; pero se ajusta a la ley, y la respeta, y exige la intervención de los funcionarios, que son los únicos capacitados jurídicamente para emitir los informes que se requieren.
Mientras Paulino Rivero desgranaba en el salón del Parlamento, con comportamientos que recordaban a los morenos de playa, todo lo que ha hecho su Gobierno, pero que la gente se empeña en no ver, quizás por el principio de que cuando el río no suena es porque agua no lleva, se producía este episodio ”electrónico” entre dos cargos públicos, que vuelve a poner sobre la mesa de las realidades un gravísimo problema político en el Archipiélago, donde poco a poco se volatiliza la sensación de seguridad jurídica.
“¿En manos de quién estamos?”, comenta un lector asombrado. Una voluntaria de Cruz Roja no puede ocultar su estupor “por las tonterías que María Australia ha dicho sobre el SIVE”. Este tema ha suscitado algunas interesantes reflexiones: es cierto que este sistema de radar, el más avanzado del mundo en su segmento, que cuando esté completo tratará de ser una red impenetrable, tiene fallos. Preguntas que hacen algunas personas: ¿cuántos automovilistas sobrepasan con creces los límites de velocidad en las carreteras y no son detectados por los radares de Tráfico?, ¿cuántos motoristas hacen el caballito, cuántos coches circulan sin seguro? Más concretamente: ¿cuántos accidentes se producen por imprevistos mecánicos o electrónicos? Cuando las condiciones son adversas, los mejores vehículos, los de las gamas más altas, o bien fallan en momentos decisivos, o bien no superan con éxito el instante decisivo que evita el choque o la muerte. El SIVE es un sistema, un engranaje, que no goza del don de la suma perfección y ni siquiera el de la infalibilidad que los católicos adjudican a los papas, aunque esos papas sean tan diferentes entre sí que uno crea el infierno y el otro lo hace desaparecer.
Pues estamos en las manos de los que en un nuevo ”debate del estado de la nacionalidad” han dicho lo mismo que en otros debates anteriores pero con un coeficiente de corrección al alza, por eso de la crisis. Los que nos han asegurado, todos y todas convencidos de que tienen soluciones para la industria, la agricultura, la educación, el comercio, las flores y plantas, la primavera-verano, las listas de espera, los aguacates y el consumo del ”parapandalus narvalis”, llevan gobernando quince años. Eso sí, en estos tres lustros pocas veces ha habido tanta prepotencia, altivez y vacío político. Y es que, como dice el viejo aforismo, “lo que natura non dat, Salamanca non prestat”. Y mucho menos nuestras universidades, que tampoco han logrado contar con los medios suficientes para estar a la altura de la Europa del siglo XXI.