La lustración polaca

Nadie puede dudar del anticomunismo de Lech Walesa, el mítico dirigente católico del sindicato Solidaridad, uno de los artífices del derrumbe de la URSS gracias a su conexión con el papa Wojtyla, que dio lugar a una poderosa ‘pinza’.

Pues Walesa, que llegó a presidente de la República, no se ha recatado de llamar “idiotas” a los gemelos Kazinsky, dos ultraderechistas nacionalistas que han asumido la Presidencia de la República y la presidencia del Gobierno. Y es que los hermanos, como dos gotas de agua, están empeñados en resucitar a la Santa Inquisición y purgar a todos aquellos que colaboraron con el régimen anterior.

Han empezado por el General Jaruzelsky, el militar de gafas negras que asumió el papel de poner los cimientos a la transición hacia la democracia. El anciano general, que goza del reconocimiento interno y del aprecio de las naciones occidentales, que han ponderado su contribución al cambio pacífico, puede ahora ir a juicio cuando, en realidad, fue una especie de Adolfo Suárez. Claro que el español no reprimió un levantamiento civil, pero era ministro secretario general del Movimiento cuando elRey le encargó que pilotara el paso de la dictadura a la democracia.

La intransigencia mística de los Kazinsky, empeñados en una obsesiva caza de brujas, llega a extremos fanáticos, como la ley de la lustración ’ ( o de la pureza) que han hecho aprobar y que obliga a que quienes hayan colaborado con la dictadura lo digan por escrito; esta ley puede dejar fuera de sus trabajos a cientos de miles de personas.

Para darse cabalmente cuenta de lo que significa, sería como si tras la muerte de Franco y el fin de la era Suárez los nuevos gobernantes socialistas hubieran iniciado una persecución de dudosos expulsando a todos aquellos que hubieran coqueteado o colaborado con el franquismo: jueces, policías, militares, curas, sin importar la graduación, monjas, profesores, intelectuales, sometidos a la vergüenza pública y a la pérdida de sus empleos. Intelectuales, universitarios, la opinión pública europea, se llevan las manos a la cabeza.

La Transición española fue ejemplar, y es referencia obligada en todos los libros de texto de política y derecho del mundo. Antecedió a otras transiciones, como la rusa o la chilena, o la argentina, cuyos dirigentes citaron en numerosas ocasiones el caso español. Verdad es que quedaron algunos flecos, pero éste fue el precio que hubo que pagar para evitar probablemente un nuevo enfrentamiento o para que no se dilatara el progreso político, social y económico.

 Los Pactos de la Moncloa fueron el instrumento que utilizó la reconciliación nacional para empezar a andar y sentar las bases de una economía social de mercado moderna y competitiva, gracias a un gran acuerdo entre las distintas fuerzas políticas y organizaciones sindicales y patronales. La permanencia dentro del sistema democrático de residuos del francofalangismo y de la ultraderecha nacionalcatólica se vio como algo de efecto pasajero, que sería deglutido por la democracia en la segunda generación.

Este proyecto se cumplió, verdaderamente, solo en parte. Los reformistas de la UCD, procedentes de la burocracia franquista, se fueron integrando progresivamente, y progresistamente, en los hábitos democráticos; quienes desembarcaron en Alianza Popular, luego Partido Popular, y se reclaman herederos de los 7 Magníficos, los siete ministros franquistas fundadores, son como la cabra que tira para el monte. Quizás el más pragmático y formalmente demócrata de los actuales dirigentes sea Manuel Fraga Iribarne. O al menos quien ha demostrado tener más sentido de Estado.

El problema es que los hermanos Kazinsky se miran el ombligo y no acaban de encajar con la ideología europea. Se han convertido en un permanente dolor de cabeza para Bruselas porque no acaban de entender los principios del proyecto. En realidad, son más euroescépticos que los británicos, y pueden llevar a Polonia a un callejón sin salida, en el que la exaltación de un nacionalismo meapilas, aldeano y cazurro, modelado por la venganza, constituye un serio obstáculo para la integración no solo formal sino espiritual de los polacos en la UE.

Mientras tanto en España algunos ‘kazinskillos’ preparan la beatificación de Roma de medio millar de religiosos mártires de la Cruzada. Los obispos están empeñados en que los demócratas que ganaron la Constitución de 1978 echen de menos la lustración y sientan que han sido objeto de una histórica tomadura de pelo.

ComentariosComentarios (1) sobre “La lustración polaca”

  1. UsuarioFútbol femenino en la República Islámica de Irán » Diarios de Futbol

    […] la desigualdad creciente en muchos otros países, también en nuestro entorno europeo. Polonia ha sufrido retrocesos importantes bajo las presidencias de la República y el Gobierno de los hermanos Kazinsky. Ante la presión, […]

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