La dictadura de Chávez
Con las debidas distancias, el coronel golpista, luego extraordinario topo en el sistema democrático, Hugo Chávez, está imitando a Adolf Hitler para la toma del poder absoluto mediante un meditado populismo que le lleve a dominar a las masas. Así el ‘fuhrer’ nazi se hizo con el Estado, acabando con la República de Weimar y sus ‘politiquerías’. El presidente venezolano se ha encaramado al poder absoluto ciertamente desde el juego democrático, pero ha utilizado el método para dar en la práctica un golpe de Estado que abra el camino a una dictadura de facto.
El culto a la personalidad, que por obvias razones en este caso es una cantinflada permanente, está adquiriendo caracteres de esperpento. Las apariciones del caudillo en sus programas de radio y televisión dan la medida del personaje: sus insultos cuarteleros a otros gobernantes, las vejaciones verbales y políticas a que somete a los opositores, las ocurrencias que produce a velocidad de vértigo, las obsesiones con George Bush y con el FMI o el Banco Mundial ofrecen una diagnosis precisa. Absoluta incapacidad para dirigir un Estado tan complejo como el venezolano, y alto riesgo inminente.
El antiguo golpista ha tenido suerte. Los altos precios que ha alcanzado el petróleo y el gas le han permitido una política clientelar, a la que no se le puede negar su lado social, que ha tenido enorme importancia entre las clases más humildes. Para un gobierno normal, esta hubiera sido, en efecto, una gestión digna de aplauso. El problema es que esta estrategia ‘socialista’ es una simple cortina de humo que encubre una firme voluntad autoritaria y laminadora de las libertades.
Todo buen golpista suele ser un gran hipócrita. Mientras se coartan y dinamitan los derechos cívicos se ofrece un discurso florido siempre, siempre, siempre, crítico con ‘la política’ y con ‘los políticos’, como si los militarotes que sacan los tanques a la calle hubieran decidido dedicarse a la jardinería o a enseñar filosofía. Hugo Chávez no es ninguna excepción. Por un lado ofrece la ‘redención’ del pueblo, pero por el otro ataca por todos los flancos posibles al pluralismo. Su objetivo es construir una sociedad monolítica donde impere la sumisión y la aquiescencia.
En los últimos meses, sin embargo, ha empezado a quitarse la careta y a colocarse la boina de quien quiso tomar el poder con las armas. Su pretensión de formar el embrión de un partido único, la persecución a sus antiguos compañeros, que no se pliegan a su yoismo bananero, va acompañado de un ataque frontal a la libertad de prensa. Las intimidaciones ha ido en aumento, hasta desembocar en la no renovación de la licencia de emisión de la veterana cadena de televisión Radio Caracas Televisión, cincuenta y tres años en antena. Una emisora gubernamental, con una directora nombrada por el propio presidente, ocupará la señal a partir del día 27.
Cientos de miles de venezolanos se han manifestado por las calles protestando contra esta deriva autocrática del chavismo. Pero la mordaza a la libertad de información no es un gesto aislado: las amenazas a periodistas desde círculos oficiales son constantes. El amedrentamiento y la chulería no conocen ni siquiera los límites del ridículo. Observadores del Parlamento Europeo no han conseguido ser recibidos por el presidente de la República Bolivariana.
Las últimas ‘chavadas’, como el nuevo juramento impuesto a los militares - ‘patria, socialismo o muerte’- han aumentado la preocupación interior y exterior por un horizonte institucional que se oscurece por momentos. La Organización de Estados Americanos (OEA) y la Corte Interamericana también molestan al que quiere ser considerado como delfín revolucionario de Fidel Castro, que ha mandado callar a estos organismos.
La prensa libre y el pluralismo político irrestrictos son dos condiciones imprescindibles para evitar la tiranía y la corrupción. El coronel Hugo Chávez puede decir lo que quiera, pero una democracia deja de serlo cuando los periodistas se sienten amordazados y son acosados desde los poderes y cuando la discrepancia se combate con llamamientos al aislamiento social y al linchamiento moral o físico. Que Venezuela se convierta en un foco de inestabilidad continental, y que sus habitantes pierdan los derechos cívicos que tanto les costó alcanzar, es algo que interesa a todo el mundo. Literalmente, a todo el mundo.