CC como el Titanic
En el debate a siete que se emitió por La 1 de TVE la noche de anteayer se visualizó la gran diferencia entre los nacionalismos ‘históricos’ que representaban los candidatos de CiU, Jordi Jané, de ERC, Joan Ridao, y del PNV, Josu Erkoreka, y el alcalde de Guía Fernando Bañolas que iba en nombre del desaparecido grupo canario en el Congreso. Catalanes y vascos supieron combinar lo global, en este caso lo nacional, con lo local, es decir, lo regional o autonómico.
Junto con Ramón Jáuregui, del PSOE, Esteban González Pons, del PP, y Montserrat Muñoz, de Izquierda Unida, debatieron e hicieron interesantes aportaciones sobre la gobernación del Estado y los retos que tiene España para la próxima legislatura y el inmediato futuro. Estos seis aspirantes a escaños tuvieron un ‘punto de encuentro’ en la discrepancia: estuvieron a la altura de lo que el electorado nacional espera de ellos. Todos hablaron en dos claves distintas pero cohabitantes: para el público propio en sus comunidades de origen, y para la audiencia que les seguía en toda España a través de la radiotelevisión pública.
Bañolas, no. Sin dejar de leer, o de mirar de reojo, las cuartillas que llevaba preparada, el suyo fue un discurso en fascículos con fondo y forma victimista. Tanto fue así que, por poner un ejemplo, la amplia crónica que le dedicó El País a este acto no encontró ningún elemento de interés en las intervenciones del hombre de Coalición. Ni siquiera lo citó, aunque saliera en la foto.
Encima, algunas cosas de las que presumió eran inciertas, como que quien puso como es debido en el mapa al Archipiélago fue CC, un mérito personal e intransferible de Jerónimo Saavedra cuando era ministro de Educación con Felipe González: a él se debe que las Islas ‘bajaran’ desde un lugar situado entre Baleares y Ceuta y Melilla a una posición geográfica más cercana con la realidad. Tampoco son del todo exactas las afirmaciones sobre las transferencias: muchas de ellas, así como el proyecto del Hospital Dr. Negrín, ya estaban en marcha cuando Manuel Hermoso lideró la traición a su socio y presidente Jerónimo Saavedra, marcando el nacimiento de la operación interinsular nacionalista, que siempre ha vivido bajo este síndrome y esta sospecha.
Lo que le ha ocurrido a CC en los últimos cinco años no es un capricho de fuerzas ocultas ni una maldición de vudú. Hacen mal sus dirigentes en buscar un enemigo exterior o en echar la culpa al resultado, la creación de Nueva Canarias, liderada por Román Rodríguez, y no a la causa: la avaricia de ATI y el seguidismo ciego de la pata quebrada grancanaria. Bañolas quiere disimular su condición de socios del PP distanciándose en las fotos durante la campaña; y negando la evidencia del mangoneo ático sobre todo el conjunto. Algo que niega con la contundencia de siempre la tozuda e independiente realidad: ATI es quien paga, Tenerife centraliza la dirección y el minutado.
Además, Paulino Rivero ha incurrido en un error monumental: el nacionalismo isleño solo tiene posibilidades si es plural y logra aglutinar a sectores de la derecha, el centro y la izquierda. Si se inclina hacia uno de ellos y excluye al otro, se pierde como un globo de feria al que le falta el hilo que lo amarra a tierra o a un brazo. El actual presidente, y ex alcalde de El Sauzal, nunca ha ocultado su profundo antisocialismo, que extiende hacia todo el ‘rojerío’. Al ser ATI la fuerza hegemónica tras la deserción del CCN de Olarte y el conjunto progresista de NC procedente de ICAN, todo el peso ha basculado hacia la derecha; no por tacticismo, sino por convicción. No por conveniencia, sino por afinidad. La consecuencia táctica ha sido catastrófica: la confrontación con Madrid ha situado al ejecutivo regional como oposición de la mano de Mariano Rajoy. “Con la cuchara que coges, con esa comerás”, dice un viejo refrán.
Las perspectivas de cara al 9-M son fatales. El autoengaño lo único que hace es aumentar la velocidad y el impacto del tortazo contra el muro. No hay encuesta que no vaticine un nuevo descalabro de los nacionalistas, paralelo al hundimiento de la credibilidad y la confiabilidad de los líderes del PP. Quién arrastra a quién quizás no sea la pregunta; pero sin duda en el Archipiélago el peso muerto individual aumenta exponencialmente.
Y lo grave es que los electores ya anunciaron lo que podía pasar en las locales, insulares y autonómicas de mayo. Entonces los analistas y estudiosos de la sociología, la ciencia política y los cambios de sentido del oleaje y los movimientos de masas dijeron que era un clarísimo aviso a navegantes. Pero los navegantes se han empeñado en imitar al puente de mando del Titanic. O eso parece.