El cardero escurre

Paulino Rivero se confesaba emocionado, en una entrevista de ‘Radio Canarias’, cuando regresaba a las Islas y volvía a escuchar “cardero” o “parriba”. Un radioyente nos recordaba el refrán tantas veces repetido de que una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero: “Yo cada vez que oigo “cardero”, “argunos”, “patrás”, me ratifico en la opinión de que la educación pública en el Archipiélago es un desastre”.  Un padre de alumnas abundaba en esta opinión: “el día que una hija vino del colegio diciendo ‘lajocho’ y ‘palante’, llamé al director y lo puse de chupa de dómine”. “Decir “argunos”, “palante”, “patrás”, no es hablar canario, es hablar mal, en Canarias, en Extremadura, en Castilla o en Ceuta y Melilla”.  Ite misa est. Un irónico compañero  de profesión deducía el silogismo: “si Paulino se emociona al oír estas palabras mal dichas, es que habla con faltas de ortografía, así de sencillo”. En resumidas cuentas, un sondeo de urgencia realizado en el entorno redaccional arrojaba un alto porcentaje de quienes creen que el pensamiento del presidente autonómico está en la raíz del grave fenómeno de fracaso escolar.

Y es que una cosa es hablar canario, y otra hablar mal. No es ningún motivo de orgullo, ni buena seña de identidad, darle patadas a la gramática y a la sintaxis. Lo mismo que no es saludable para  el idioma y  las potencialidades de la comprensión de textos, de la relación y la sociabilidad, caer en el “chacho, chaaacho, chaaaaachoooo” que con sus múltiples variaciones, combinaciones y permutaciones de ‘a’ y de ‘o’ están limitando algo tan fundamental como la capacidad de expresión de los escolares isleños. Entre el “chacho, cacho cardero”, “y el tal y cual, palante y patrás” hay quienes creen que se puede escribir una obra maestra de la literatura universal. Y es posible: pero en el epígrafe de analfabetismo ombliguista.

¿Pero es acaso un elemento de la canariedad esta habla que es ‘jabla’?. No, por Dios. Hay quienes piensan que “como decimos en Canarias, si te digo te engaño”, y se quedan tan contentos. Error. En un escondido lugar de Galicia entre cultivos de eucaliptos, provincia de A Coruña, municipio de Ortigueira, iba un isleño buscando a un pariente que trabajaba en un monte llamado Xudracos. Al cabo de una hora de dar vueltas en pistas forestales y reconocer que se había perdido, pregunta a un ganadero, mono azul, boina contra el frío, que estaba mirándole las tripas a un viejo tractor, si sabía donde estaba la granja  que iba buscando. “Mire, si le digo, le miento…. ¿Y para qué lo quiere saber?”. Cuando se le explicó que era un familiar y un par de detalles más, señaló con el dedo: segundo cruce, a la izquierda, siga recto, hay un tronco caído sobre la carretera, cuidado, a unos doscientos metros”. ¿Y porqué no me lo dijo de entrada? “¿Y yo qué sabía si era usted de Hacienda?”. Razones.

Pues el hablar canario verdadero es una cosa y el hablar mal, como en otras partes, es otra. Si decir ‘palante’ es canario, hay madrileños, gallegos, extremeños, navarros, andaluces, que hablan canario sin saberlo. Caldero es correcto;  está en el diccionario de la RAE, y aunque es un término poco frecuente en el español peninsular, en ciertas zonas se utiliza. ‘Cardero’ también existe, pero no como derivación de caldero, sino como fabricante de cardas para el cepillado. Es decir, viene de cardar; y no es probable que lo que despierte los sentimientos atávicos del líder de ATI vengan de esta acepción cardadora. ¿O sí?

 En realidad, en época electoral, que es para los ciudadanos del estado como la Navidad para los católicos o el Ramadán  para los musulmanes, o el Yom Kipur para los judíos, los buenos deseos, las promesas, los regalos, deben ser de distinta índole. Hablar canario es como hablar español, francés, inglés o tagalo; algo natural, que está bien si se hace bien. Pero en navidades uno no desea lo habitual, si no lo extraordinario, lo que hace falta. Por ejemplo, felicidades, venturas, prosperidades. Lo que no es común.

En el Archipiélago, la canariedad no está en discusión. Es como la piel. Lo que se necesita es fijar la atención en los verdaderos problemas, en lo sustantivo y no en lo accesorio. Tras quince años de gobernanza del nacionalismo y la derecha - ” a mi no me gusta lo rojo”, dijo impulsivamente Paulino Rivero en la FM-103- hay muchas asignaturas suspendidas: el enorme fracaso escolar; la vulgaridad, la chapuza, la ilegalidad, convertidas en bien de interés cultural; el desplome de la sanidad pública como objetivo y como prioridad de convicción… Un padre egipcio comentaba hace unas semanas en Las Canteras que estaba muy orgulloso de que su hijita de ocho o diez años supiera recitar de memoria cincuenta páginas del Corán. Un interlocutor isleño le confesó que sintió la misma emoción cuando su hija recitaba… la tabla de multiplicar y la de elementos periódicos.

En esta visión de la necesidad y el progreso, y también de la estética y la excelencia, mucho me temo que quien se enternezca con el ‘cardero’ está condenado al ‘patrás’. Porque,encima, el agua se escurre entre las manos del cardero.

ComentariosComentarios (3) sobre “El cardero escurre”

  1. UsuarioAlex

    Y a todo eso que usted ha escrito, habría que agregar palabras como \

  2. UsuarioHablo Canario

    Bueno, pues ya entiendo porque tiene a Rita Martín de Consejera de Turismo y se lleva tan bien con Carmen Guerra. Este confunde “tejido y novedades en el segundo piso” por “te jodo, no ves nada y además te piso”

  3. Usuariomolinero

    Un tanto curioso, estimado Tristán Pimienta, después de haber tenido a Diego Catalán Menéndez Pidal, a Manuel Alvar, a Gregorio Salvador Caja y no en último término a Ramón Trujillo en la Universidad de La Laguna dando clase de lingüísica general, animando a los estudios de dialectología insular y considerar la forma de hablar de la gente de a pié no bajo el mando de una norma impuesta sino como fenómeno lingüístico y cultural, después del monumental Tesoro Lexicográfico del Español de Canarias de Cristobal Corrales, Dolores Corbella y María Angeles Alvarez Martínez, después del Diccionario de Canarismos de Antonio Lorenzo, Marcial Morera y Gonzalo Ortega, después del Léxico y Fraseología de Gran Canaria de Gonzalo Ortega Ojeda, después del Diccionario de Expresiones y Refranes del Español de Canarias de Gonzalo Ortega y Rafael González Aguiar, después del curiosisimo Gran Diccionario del Habla Canaria de Alfonso O’Shanahan, después de inumerables estudidos sobre las particularidades del español de las Canarias y después de tener una propia Academia Canaria de la Lengua, después de que incluso la Real Academia Española de la Lengua abandonara la vieja manía de mandar y ordenar como tenían que hablar y escribir los hispanohablantes (la última gramática fue expresamente presentada como descripción del español), después de todos esos notables esfuerzos de considerar los fenómenos del habla canaria ya no bajo el prisma despreciativo de „hablar mal“ y „hablar bien“, todo vuelve a lo mismo. Como si todos estos esfuerzos por superar de una vez la trasnochada idea que hablar en un dialecto es hablar mal se los hubiera llevado el viento. O no llegaron nunca. En fin, hay ciertas ideas fijas, y las ideas sobre las lenguas suelen ser de las más inamovibles. Hablar en el dialecto de su región no es hablar mal, simplemente es hablar en una variante del español que no se utiliza en todas las ocasiones. La sociolingüística se ocupa de estos fenómenos. Si la variante que escucha no le gusta a alguno que otro, cuestión de gustos, y como es bien sabido, sobre gustos no hay gran cosa escrita. Imponer órdenes en un asunto tan personal como la(s) forma(s) de expresarse una persona lo único que indica dos cosas: Primero, que uno se ha topado con una persona mandona, segundo, que la dicha persona ignora hasta lo más elemental de lo más simple de lingüística que, como se sabe, es la ciencia que se ocupa del estudio del funcionamiento de todas las lenguas sin discriminación alguna.
    Ahora, eso sí que es uno de los fenómenos más sorprendentes en el ideario sobre lenguas: diga lo que diga la respectiva ciencia, el autoritarismo lingüístico aplasta todas las dudas. Manda y ordena y cree que estas boberias de la lingüística no le atañan a él que se lo sabe todo. Caso clásico de (voluntaria) ignorancia atrevida.

    Saludos cordiales.

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