No puede decirse que no se haya advertido: cuando ATI-CC decidió gobernar con el PP, y cuando el PP hizo presidente a Paulino Rivero, alguien pudo parafrasear a Julio César cuando cruzó el Rubicón: “alea jacta est”. La suerte está echada.
Todos los problemas que han ido apareciendo en cascada retroalimentada a partir del momento en que el ‘paulinato’ decidió ignorar el mensaje de las urnas y condenar al ostracismo a Juan Fernando López Aguilar, rotundo ganador de las elecciones, habían sido anunciados. “Más de lo mismo produce un resultado de más de lo mismo”. Ahora bien ¿puede aguantar Canarias una legislatura más, signada por el amiguismo, la improvisación, la chapuza, los casos de corrupción que cogen número para entrar en los tribunales, el clientelismo, el populismo bananero, la incompetencia que ha destrozado la sanidad, la educación, la asistencia a los dependientes…? Lo que ha sucedido alrededor de la televisión autonómica es igualmente increíble tanto en su modalidad analógica como en la digital. Cuando uno repasa los recortes de prensa de los últimos meses, desde que el presidente del Gobierno decidió unilateralmente y al margen del procedimiento reglado en marcha cambiar el modelo comenzó a ser difícil encontrar diferencias de fondo y forma entre el paulismo y el chavismo. Cada día, a diario -y no es ninguna indirecta-, aparecen nuevos avisos e indicios sobre la indebida contaminación gubernamental de actos sometidos al ‘imperio de las leyes’.
Proclama José Manuel Soria que el límite al diálogo con el nacionalismo es el terrorismo. No es una definición exacta. Primero, porque todos los gobiernos de España han negociado con ETA para tratar de acercar la paz y evitar sufrimientos; y segundo, porque debe haber otros límites en el trato con nacionalistas, centralistas o gomeros: el respeto puntilloso a las reglas del juego. Si una de las partes tratantes no tiene la profunda convicción de que hay que poner límites al capricho y al ‘yo hago lo que me da la gana’, se está caminando hacia el precipicio.
Todos los indicios señalan en un mismo sentido: no hay Gobierno. Cada vez son más los funcionarios de la Comunidad Autónoma que confiesan su impotencia ante el parón político. Detrás de las grandes palabras, de los discursos, de las promesas cargadas de lugares comunes y paparruchadas, no hay nada. Según se van bajando peldaños y se acerca uno al mostrador de atención al ciudadano, o al departamento que tiene que convertir en realidad una partida presupuestaria, el panorama es desolador, y descorazonador.
“Es como el ejército de Pancho Villa”, reconoce un letrado con un amplio currículum de servidor público. “El presidente está ausente; no sabe/no contesta”, comentaba una médica harta del desbarajuste en el Servicio Canario de Salud. “Hace una estrategia de imagen tópica, de alcalde de pueblo, que ya no funciona porque el cántaro se ha roto de tanto ir a la fuente. Hacerse la foto con un arado, con unos niños en un colegio, con unos viejitos, no sirve para nada en realidad cuando hay tantas necesidades sin cubrir y tantos servicios desatendidos”. Un empresario confirmaba durante una cena, ante el asentimiento de media docena de comensales, que “lo que dijo Juan Fernando sabemos que es verdad; pero se puede hacer la prueba no del 9, sino del 999: que la Universidad haga un estudio independiente de cien adjudicaciones elegidas al azar y de cien contenciosos también seleccionados aleatoriamente. Estoy seguro de que la moraleja sería tremenda”. ¿Porqué un equipo interdisciplinar de la ULPGC no se pone a ello?
Y como a perro flaco todo son pulgas, la manera de gobernar ha ido creando una corte de aduladores y privilegiados que exige el reparto de beneficios sólo entre los adictos. Esto ha introducido otro factor de inestabilidad en el pacto, mientras aumentan las diferencias entre la parte ATI y la parte PP, como siempre ocurre. Primero un gesto aislado, luego un gesto airado, más tarde la sensación de que determinados episodios no son sino reacciones y venganzas de unos contra otros y viceversa. Un socialista, con la sonrisa de oreja a oreja a pesar de poner por delante su preocupación por la escalada de la crisis, que ha ido apareciendo como un tsunami, no se resiste a hacer una malvada comparación: “Están como en la frase famosa adjudicada a Pío Cabanillas, que en plena guerra fratricida de la UCD decía aquello de “ya no sé si soy de los nuestros”.
¿Es Paulino Rivero de los suyos? ¿Por qué en ATI han puesto a calentar la olla? ¿Confía José Manuel Soria en su presidente? ¿Cree de verdad algún socialista que hay oportunidad de subirse al coche oficial? ¿Han olvidado el síndrome del gato deslumbrado? Juan Fernando López Aguilar ha enviado un mensaje claro: no habrá acuerdos con náufragos de ese barco que hace aguas ni con tránsfugas en busca de más trienios. Y la legislatura sólo acaba de comenzar.