Soria y la ballena blanca
Todo el mundo sabe que fueron los socialistas los que provocaron la erupción del Vesubio y, más cerca de nosotros, los que tumbaron el dedo de Dios en Agaete aprovechando un temporalito de nada. Fueron ellos también los que han provocado el desastre que es Canarias en los últimos quince años, aunque no hayan gobernado. Eso no importa. Su influencia maléfica es inconmensurable, es decir, que no tiene medida. Por lo tanto es lógico y natural que José Manuel Soria acuse a una discreta secretaria general técnica de la Consejería de Industria de ser la causante del escándalo de la montaña de Tebeto. La razón fundamental del vicepresidente del Gobierno es que Paquita Luengo, la funcionaria en cuestión, es… ¡socialista! Ella es la causa de la causa del mal causado, aunque igual que Garzón no es competente según la Audiencia Nacional para instruir una causa general contra el franquismo, tampoco esta señora lo es para asumir las funciones del director general y el consejero en su día y tomar decisiones sobre concesiones o estrategias mineras. Pero como es universalmente sabido, para algunas personas la verdad es lo de menos, lo de más es fabricar una apariencia.
Alguien fue el culpable del tremendo embrollo urdido alrededor de esta montaña que, toquemos madera -la piedra no vale- está al lado de la de Tindaya. Y a pesar de que muchos indicios apunten a los Soria al menos en una circunstancia temporal determinada y decisiva (porque el expediente parece el atestado camarote de los hermanos Marx), el Soria principal actúa según su táctica habitual: la mejor defensa es un buen ataque. Por lo tanto se trata de diseñar un enemigo creíble, montar una causa creíble, y sacar unas conclusiones increíbles.
Puro camuflaje. Bombas de humo. Contramedidas electrónicas, o sea, digitales, para desviar la atención no de uno, sino de varios objetivos principales: el ‘caso salmón’ y el ‘caso Tebeto’, que no sé quién ha empezado a llamar como ‘caso tiburón blanco’. Otro error por precipitación: tiene más que ver con el capitán Akab y Moby Dick, la ballena blanca. El marino de la pata de palo, cloc, cloc, cloc, estaba obsesionado con la venganza. La escena final de la novela, y de la película, rodada en aguas de La Luz, por cierto, es tremenda: se amarra al cetáceo y desaparece arrastrado hacia las profundidades. Fin de la escena.
En estos dos últimos capítulos presuntos de la nada presunta corrupción en Canarias hay una serie de hechos probados, más allá de toda duda razonable. Quizás por casualidad a los hermanos Soria les ha tocado por riguroso sorteo de la Providencia estar en el lugar más inoportuno en el momento más inoportuno para tomar las decisiones más inoportunas. Pero estaban allí, y las tomaron, por acción o por omisión. Que hubiera otros, nadie lo duda desde que empezó el papeleo; que entre todos la mataron y ella sola se murió, como en el refrán de la burra del gitano, es posible. Pero ni el chófer que pudo llevar un sobre, ni la telefonista que llamó de parte del jefe, ni la secretaria general técnica que tiene encomendada la función de personal pueden ser chivos expiatorios.
José Manuel Soria es un actor fenomenal: mira fijamente a la cámara y responde con total convicción y franqueza a lo que no se le ha preguntado; desmonta uno por uno todos los argumentos que nadie ha empleado y siempre encuentra una explicación escondida para demostrar que todos los cientos de coches que van por su carril son los equivocados, y no él, que circula en dirección contraria.
En todas las historias hay un par de demostraciones indubitables que, por lo general, suelen ocultarse tras una maraña de argumentos retóricos. José Manuel Soria aceptó el ‘viaje del salmón’ y fue a Noruega en el avión particular de su invitador, el empresario Bjorn Lyng, quien meses después tuvo tratos con el Cabildo que presidía su invitado. Que el invitado pagara comidas, café y licores, taxis, el multicine o el avión de vuelta, no desvirtúa la acusación: habiendo vinculaciones entre Anfi y la Corporación insular, el político no podía haber aceptado el ofrecimiento. Y punto. Por lo de la mujer del César.
Claro que, siendo esto grave, más grave es que ya denunciado por tal circunstancia José Manuel Soria nombre como su segundo de a bordo en el PP a un hombre, Manuel Fernández, que tiene un contrato ‘en exclusiva’ con Anfi para hacer lo que, en castellano, se llamaría en lenguaje de calle conseguidor e intermediario, y eso, hablando fino. Su contrato de servicios, en manos del juez que instruye la causa abierta a instancias del periodista Carlos Sosa, es sencillamente indignante, y motivo más que sobrado para que la mesa del Parlamento de Canarias exija su renuncia a la condición de diputado regional.
Si Soria lo sabía, que lo sabía, porque a nadie ocultó nunca Fernández su condición de relaciones públicas, institucionales y etcétera del multimillonario noruego, quizás ya deba reflexionar en serio y plantearse la dimisión; y si no lo sabía, quizás ya deba reflexionar en serio sobre su ignorancia y plantearse igualmente la dimisión.
Una última cuestión colateral pero no tanto es si Paulino Rivero, el presidente, estaba enterado de todo esto, porque un ‘remake’ de Moby Dick podría contemplar cómo todo un gobierno y un régimen se van al fondo del mar amarrados a una enorme ballena blanca. Naturalmente, echándole la culpa al carpintero, que tenía un pariente socialista.
(tristan@epi.es)
Comentarios (6) sobre “Soria y la ballena blanca”
Domingo,30 de Noviembre, 2008 - 9:29
¿Se planteará dimitir alguna vez Jose Manuel Soria? ¿Ó su egolatría está por encima de los canarios, e incluso de su partido?
Domingo,30 de Noviembre, 2008 - 12:01
Estos, Soria y Paulino, o, viceversa, se hunden y nos hunden a todos, en su ignorancia y cretinismo optarán por lo de morir matando, carecen de la vergüenza mínima para entender que por responsabilidad están obligados a dar un paso atrás o a un lado, permitir ser sustituídos, dejar que otros intenten arreglar los que ellos y sus antecesores han destrozado en estos últimos quince años, con culpas, en esto sí, y por omisión, de algunos socialistas, sobre todo de uno de pelo blanco.
Domingo,30 de Noviembre, 2008 - 13:15
¡¡¡Clavado Don Angel!!…solo cabría la variante de sustituir las vijas cuerdas,sogas y arpones por los correajes,los yugos,las flechas y la pistola al cinto.
Domingo,30 de Noviembre, 2008 - 13:45
Rivero no puede hacer nada de nada. Porque los suyos son partícipes necesarios de todo un entramado de poder que relaciona administración pública, autorizaciones administrativas y abrazo amistoso al empresario “benefactor”, a cambio de algo, claro. Es decir, el mercantilismo mercachifle de los conseguidores de turno, de los que Mauricio era prócer, entre otros.
La clase política canaria dirigente desde hace 15 años, que no diligente, se ha destapado como una clase política mediocre, medrosa, ineficiente, muy trapisondista y, por supuesto, no servidora del interés general. Qué lejana queda de aquella de Nicolás Estévanez, Negrín, etc. que nos puso en el mapa de la Nación Española.
Es un modelo caciquil bananero tercemundista el que quiebra. La sociedad urbana canaria actual, más preparada y asumo que informada, pese a los esfuerzos de la Tele Basura Autonómica o la catastrófica gestión de la Educación, está en la intersección de optar, bien por dar un golpe de timón a la historia de estas islas desafortunadas o bien, someterse mansamente y comer de la mano del truhán mandarín de turno, mientras ellos se la preparan bien y se la llevan caliente.
Lunes,1 de Diciembre, 2008 - 1:29
Los psocialistas ganarán las próximas elecciones, probablemente, y desalojarán, por fin, a toda esta caterva de cenizos que nos gobiernan ahora y que nos han gobernado de aquí para atrás.
Pero… ¿solucionarán los problemas? ¿o crearán otros nuevos?. A la vista de lo que hay mucho me temo que estamos condenados. Personalmente no me hago ilusiones.
Jueves,15 de Enero, 2009 - 19:25
Es curioso, hay politicos que desde muy temprana edad se les ve esa flema que con el paso de los años les pierde, da gusto, en sus comienzos el verles luchar a codazos con el fin de hacerse un hueco en nuestra pequeña urbe social, pero una vez que creen estar a la derecha de Dios padre, su vanidad les pierde y con su sinrazon, destrozan las expectativas puestas en ellos, expectativas que ahunque ellos no lo crean, resumen el poder de convocatoria que tiene todo buen politico, que pena que muchos se queden en el camino y defrauden a sus votantes y seguidores, uno se pregunta si la inteligencia alguna vez podra ir unidada al poder y esta a la razon y digo esto porque muchas personas en la vida social, empresarial o politica, una vez creen haber llegados, se vuelven insoportables y pierden todo el derecho a ser personajes para convertirse en personajillos, que nos defraudan y nos hacen poner nuestro pequeño corazon en otros que nos volveran a defraudar, asi es la vida. Es curioso