Qué mala suerte

No hace diez días una cadena nacional se dio una vuelta por Praia da Luz en Portugal, una especie de oasis turístico abigarrado durante años por el turismo británico que a raíz del caso Madeleine ha visto como de un día para otro se han visto obligado a cerrar sus negocios…En el programa se exponían las declaraciones del propietario de un hotel, preguntándose que qué había hecho él y su pueblo para merecer aquello.La desaparición de la niña, por ser un hecho asombrosamente único, saltó a los periódicos de medio mundo. Si fuera habitual, la noticia, por su propia naturaleza y definición, dejaría de serlo para formar parte de una fría estadística que la sociedad va asimilando hasta resultar grotescamente indolora, como otras muchas.Pero el Gobierno canario va más lejos. El anuncio de crear una comisión de estudio de menores desaparecidos por parte de CC y PP es una muestra de dos cosas: la de darle naturaleza de cotidianidad a unos hechos extraordinariamente raros y la de carecer del más mínimo sentido de Estado por las consecuencias de imagen que ofrece al que desconoce el cómo se vive aquí.Cualquier potencial visitante que ponga en el buscador el nombre de Canarias y se encuentre a qué se dedica el Parlamento preferirá llevar a sus menores a otro lugar donde no ‘desaparezcan’, lo que no termina de encajar con el anunciado programa de potenciación del turismo familiar que hace nada pregonaba con su habitual fanfarria este mismo Gobierno de Canarias.Lo que merecen las familias de los menores desaparecidos en Canarias son el apoyo incondicional de la sociedad y la investigación y el seguimiento de los expertos , de los profesionales cualificados por carreras, estudios y experiencias en manejar estos dolorosos asuntos y en hacerlo, además, con el sigilo, precaución e intimidad que corresponde a la tragedia y su posible solución. Policías, periodistas y políticos trabajando para ellos, sí, pero cada uno en su terreno.Llevarlo al gallinero de las comisiones parlamentarias es la banalización de un problema del que no tienen ni pajolera idea, y si a ello sumamos que en anteriores comisiones, como la eólica, terminaron concluyendo que la culpa del desaguisado era de uno que pasaba por allí, las garantías de que se llegue a alguna conclusión sensata se antoja una utopía.La primera mala suerte de esta región son esos niños que esperamos. La segunda, este desgobierno de insensatos.

ComentariosComentarios (2) sobre “Qué mala suerte”

  1. UsuarioGerardo

    Totalmente de acuerdo con su artículo, Juanjo. No me gusta, pero debo reconocer que la sociedad canaria ha cambiado mucho y, en algunos aspectos, para mal. Por otro lado, hemos importado ciertos valores y conductas criminales y desgraciadamente nos vamos acostumbrando a perder tranquilidad y seguridad casi cada día. Esto se ha traducido en un incremento de especialistas en seguridad: vigilantes privados, más policías y guardias civiles, más funcionarios de Justicia, más centros de menores, más psicólogos y criminalistas, más periodistas especializados, más macrocárceles, etc. Pero lo peor es que no nos sentimos más seguros, sino todo lo contrario. La psicosis social generada por la violencia de todo tipo va en aumento.

  2. UsuarioAndrea

    Esa comisión promovida por los políticos inéptos que sufrimos en Canarias es sólo una forma de torpedear -una vez más- a la cada vez más frágil industria turística de la que dependemos tod@s en esta comunidad autónoma. ¿Nos querrán hundir más aún a los ciudadanos? Estos toletes de políticos hacen todo al revés. Sr, Jiménez, muy bueno el artículo y muy buena la referencia de Portugal. Yo ví también el reportaje. Es increíble cómo un caso de desaparición de una menor en Praia da Luz ha dejado en paro a cientos de personas que dependían directa o indirectamente del turismo.

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