Febrero de 2010

El muñeco se rompe

UsuarioMartes, 23 de Febrero, 2010

El esfuerzo de una joven adolescente para sacar adelante su asignatura de Latín. El desencanto de otro joven por el suspenso en Matemáticas, pese a las clases particulares. Una convivencia de 24 horas bajo el techo del colegio con la vigilancia de los profesores.


Muertos en combate

UsuarioJueves, 18 de Febrero, 2010

Sólo me encuentro en el camino con leyes que provocan el efecto contrario para el que fueron aprobadas. La Ley de Dependencia ha devenido en norma máxima para morir planchado por la eutanasia burocrática.


Egos judiciales

UsuarioMartes, 16 de Febrero, 2010

Ni usted ni yo tenemos ni idea de lo que ocurre con el juez Garzón. Ambos  hemos acordado que se trata de un asunto oscuro, del territorio de los egos judiciales. Sabemos que no podemos alcanzar el estadio truculento de la Justicia, donde no existe conciencia. Quizás sea una cuestión de ‘planteamientos ideológicos’, como reconoce el propio Ángel Juanes, presidente de la Audiencia Nacional, aunque no ‘una conspiración’.  Pero ni usted ni yo podemos alcanzar el escalón de una escalera que nos dé paso a la claridad. Sólo podemos acceder a un estadio mucho más bajo, al de la efervescencia de las dudas y las sospechas.

Podría ser muy bien el extracto de una carta (lo de Juanes no es ficción) de una señoría a otra, dedicada de por vida a impartir Justicia y atribulada por la evolución que sigue el proceso judicial contra el juez Garzón, a partir de una denuncia de la organización Manos Limpias  por las actuaciones del magistrado en relación con los crímenes del franquismo.

El acontecimiento de sentar al magistrado, sempiterno superjuez, en el banquillo de los acusados es un asunto de compleja digestión para los vivientes preocupados. A mí, sin ir más lejos, me asalta la picazón al observar cómo la Ley de Memoria Histórica ha acabado en una hijuela, y no en una cualquiera, sino en una de muchas toneladas: en una llamativa lucha de poder en la Audiencia Nacional. Y sin respeto alguno para las víctimas, que siguen en su trabajo de abrir las fosas.

Desde que me vieron con recortes de periódicos de un lado y de otro (el proceso es según se mire) me dijeron, por activa y por pasiva, que me iba a meter en un berenjenal terrible, en un asunto muy sucio, pero sobre todo de compleja, repito, tasación para el común de los mortales. No hice caso alguno, y ahora estoy en un terreno muy resbaladizo, porque, aunque no lo parezca, hago pleitesía a la Justicia. Y tengo que decirlo ya, que es lo mismo que ha dicho ya Jueces para la Democracia: la toxicidad del expediente es incomparable. Me explico: el magistrado Varela (de Jueces para la  Democracia) acusa a Garzón de contaminar con su conciencia las decisiones que tomó sobre los crímenes del franquismo, y como consecuencia de ello prevaricó. Una subjetividad, esgrimen sus compañeros, que también podría adueñarse del magistrado Varela en sus actuaciones contra Garzón. ¿Se puede juzgar al franquismo sin conciencia? ¿Se puede sustanciar Justicia sin conciencia a partir de una denuncia de la organización política (y no digo ultra) Manos Limpias? Yo creo que no.

Todo esto de la conciencia de los jueces es como adentrarse en los presocráticos y el principio de las cosas. Y viene fabuloso recurrir al elixir filosófico, pues a veces, y ello es componente extremo del pleito judicial, nunca se sabe cómo va a acabar lo que bien empieza, y viceversa. El caso contra Garzón es para dilucidar  si  fue más allá de sus competencias a sabiendas de ello. Un presunto delito no tan interesante como uno de los aspectos que lo soporta, que el superjuez tiró hacia adelante con el argumento de que fueron crímenes contra la Humanidad, y por lo tanto fuera del paraguas de la Ley de Amnistía. Y aquí viene lo del elixir filosófico: el franquismo puede tener ahora su nunca celebrada vista oral. La defensa  ha anunciado que citará como testigos a juristas como Carla del Ponte (llevó a la cárcel a Milosevic), Eugenio R. Zaffaroni (contra los torturadores de Argentina), Juan Guzmán (desapariciones en Chile) y Sergio García Ramírez (desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez). Los testimonios tratarán de demostrar que  los crímenes franquistas no pueden quedar protegidos por amnistía alguna. A nadie se le esconde que dichos testimonios convertirían la causa en el primer acontecimiento público (algunos ya prefieren llamarlo espectáculo) sobre el alcance, en la vida de los españoles, de las decisiones políticas que se tomaron a partir de 1936 hasta una fecha sometida aún a valoraciones históricas.

Por lo pronto provoca ya rubor e insatisfacción que lo que pretendía ser, de entrada, un modelo de recuperación de la memoria histórica de un país acabé manoseado entre los egos judiciales. No estaba entre las previsiones una movilización de intelectuales a favor de Garzón, y sí dar respuesta a la época de silencio que capturó a miles de españoles. El hecho de que el proceso a Garzón sea un altavoz internacional sobre las resistencias a la memoria es, en todo caso, una lenteja frente a la verdadera deuda. Ni a los descendientes de los republicanos, ni de los exiliados, ni de los torturados, ni de los niños de la guerra, ni de los fusilados… De un bando y de otro… A ninguno de ellos le hacemos favor alguno con dejar el gran expediente de la historia de España en manos de auténticos egos judiciales, que los son para bien y para mal.   


Abrumados

UsuarioLunes, 8 de Febrero, 2010

Meta en un mismo recipiente que Obama no va a dormir en el Pardo ni va a cenar en el Palacio Real; que la edad de jubilación y el periodo de cotización va de un lado a otro como una maleta perdida por Iberia; que Rajoy dice que tiene una moción de censura debajo de la almohada; que la Bolsa se aburre y pega un respingo histórico a la baja; que las cifras macroeconómicas sudan déficit; que Zapatero va al desayuno de la Oración y se explaya en la utopía del pan para todos con lo de “no explotarás al jornalero”; que el diseñador Adolfo Domínguez se olvida de las costureras marroquíes con la vista cansada y pide el despido libre; que Almunia nos compara con Grecia….

Basta todo ello para que aparezca el haplotipo más invariable del ADN español: el pesimismo, la autoflagelación, el derrotismo, la insatisfacción, el gallinero de la vulnerabilidad, la inferioridad… Salen a relucir, uno a uno, todos los archivos de la convulsa memoria histórica, y quedan aparcados los derivados de nuestra extraordinaria trayectoria a partir de la destrucción de nuestroorgullopatrióticoautárquico (bajo el toro de Osborne sólo el Sol reluce).

Antonio Muñoz Molina se adentra, en su novela La noche de los tiempos, en una versión más refinada de lo que hemos llamado, más allá del honor y de la pasión, el sentido trágico de los españoles. El autor pone de manifiesto la pesada losa de la España imposible que cayó sobre una generación modernizadora, que, aglutinada en torno a la II República, representó un grupo de profesores, escritores y profesionales. El arquitecto Ignacio Abel,  bajo las órdenes de Negrín, diseña la futura Ciudad Universitaria de Madrid, un signo de euforia que, una vez situado en el colapso del golpe de Estado, acaba en exilio, pero sobre todo en la creencia de estar ante un país difícil de domeñar, unido inextricablemente al poder del impulso irreconocible.

La cicatriz es tan alargada que aún,  décadas después, indagamos y recogemos sobre  nuestro proceso de pacificación política, pero también de elevación de la autoestima. Pero la cicatriz, como decía, sigue siendo alargada y usted y yo hemos sido testigos de una semana muy regada del pesimismo de los tanques de pensamiento  más influyentes, concentrados en hacer saber que España pierde “credibilidad y los mercados se ceban en ello”. Nadie va a exculpar a ZP de improvisación y de despiste macarrónico con el desgaste económico, pero, aun siendo así, flota en el ambiente una mala baba a remolque del “país imposible”.

Vuelve una y otra vez el deseo de situarnos en la autopista de una economía que, viendo los indicadores, se cruza de brazos. Hay un empeño por colocar a España al lado de la foto de los malos, y en especial ahora que preside la Unión Europea. Hay hasta una necesidad de buscar el fallo, y de soslayar cualquier atisbo de éxito o de ralentización de los porcentajes de alerta roja. Hay una capacidad tremenda para eludir responsabilidades, una difuminación del capítulo económico que da por hecho que la política del último ministerio no tiene nada que ver con la del anterior, ni con el otro…  ZP y su gabinete, que no vio la crisis hasta que asomó el calcetín bajo la suela del zapato, ya paga las culpas con una remontada del PP en las encuestas del CIS.

Pero los mismos acercamientos sociológicos dan de nuevo calabazas a los políticos, que no son capaces de ofrecer consenso contra el problema. ¡Gracias que tenemos a Emilio Botín, que gana dinero y que dice que España no es el lodazal de Europa! Lo demás, como diría un poeta maldito, “apesta al aire que suelta la debacle jamás ocurrida pero siempre mentada, con saliva y despropósito”.

Y lo siento por los que ven en los banqueros a un destripador (aunque espero un gesto con el jornalero de Francisco González, del BBVA, con 79 millones de pensión), pero ya está uno agotado de tanto noventayochismo, de los augurios de desastre y de las antiguas amarguras de los herederos del arquitecto Ignacio Abel, enredados en su pesimismo. Por no citar a los que esperan en una mecedora a un cirujano de hierro.

El pasado viernes, al final de la tarde, pensé lo siguiente y lo añadí: nuestros parados no tienen derecho a recibir, día tras día, las fluctuaciones librepensantes sobre la situación económica española. Los parados deben acceder a llamaradas de optimismo, a noticias positivas, y no a registros noticiosos que nos impactan “con un impago de la deuda española en riesgos históricos”. ¿Qué más les da a ellos? Estos señores, repito, quieren optimismo. Quieren que de una vez por todas se les saque del atolladero, y por ello esperan como agua de mayo algo tan revolucionario como que se hable lo más posible de la situación que padecen. Ellos no están pendientes del artículo del Financial Times. Ellos están más pendientes de una recomposición del tejido productivo. Trabajo y más trabajo.


La simulación

UsuarioJueves, 4 de Febrero, 2010

La subida a 25 años del cálculo de las pensiones fue una pasada de curva del piloto en el aparato de simulación.

El elemento cogió la cara del trabajador y le blanqueo sus cejas y patillas. Le puso una arruga de preocupación en el centro de la frente. Le colocó unas buenas bolsas de amargura en el lugar de las ojeras. Lo encorvó. Lo lleno de una respiración pesada… Y mando el resultado de la simulación al Pacto de Toledo.

 Allí dieron por buena la operación hasta que otro responsable de simulación observó que su compañero había ido demasiado lejos con el tinte y la manipulación de la piel. La propuesta fue retirada de inmediato, y por fin un portavoz oficial tuvo que reconocer de forma pública que la mayor parte de la decisiones políticas que nos afectan se toman por simulación.
 

Nadie mide la emoción. Nadie mide el tormento. Nadie mide la desesperación. Nadie sabe del sufrimiento. Nadie sabe del final de los días… Nos hemos enterado así de simulaciones terroríficas: el aparato integró un grupo dispar, de procedencia desigual y de ambiciones económicas diferentes, y al mismo se le aplicó la hipótesis de una subida del precio de la barra de pan como nunca se había visto.

 El simulador, según la documentación confidencial, proclamó que no había dificultades ni pavor por una movilización frente a una medida que afectaba a un alimento tan básico.

La noticia de que gran parte de la política es simulación llenó los cenáculos de una corriente eléctrica. Sin ir más lejos, la expresión verbal “hijodeputa” (todo seguido) de Esperanza Aguirre alcanzó la categoría de simulación. Los micrófonos, decían, quedaron abiertos de manera intencionada, el insulto de grado 6 fue preparado de forma laboriosa, el silencio de su partido y la respuesta de la oposición… Todo, absolutamente todo, respondía a una simulación para establecer cuál podría ser el momento más álgido de la crispación. El conocimiento, claro está, ve con infinita preocupación no saber discriminar entre una cosa y otra.

Pero lo más sorprendente es que de una vez por todas se reconozca que existe la simulación. Y se diga además que la misma no es un error, sino que es susceptible de convertirse en política real. Todos tenemos que estar pendientes ahora de lugar hacía el que va la simulación. Puede que pase a situación durmiente, pero no a cadáver.


El horizonte

UsuarioJueves, 4 de Febrero, 2010

La envidia nacional es encontrarse por la calle a un prejubilado o jubilado de la reconversión industrial de Felipe González y de la deslocalización empresarial (de Madrid a Singapur), o de Telefónica o de la banca, y que el tipo te diga que lleva una vida de película, que viaja cada mes, que se ha comprado un Mercedes, que come mariscos todo los fines de semana, que no deja los palos de golf, que no se toma ni una pastilla para la tensión, que todavía puede practicar el sexo sin complejos…